El universo de los
X-Men continúa en la gran pantalla con
X-Men: Orígenes, una nueva saga centrada en los comienzos de alguno de sus héroes.
Lobezno ha sido el primero en protagonizar una de estas entregas mientras que
Magneto dependía del éxito de las garras de
Hugh Jackman. Tras 11 días desde su estreno en USA (y recorrer ya medio mundo), el título ha recaudado más de
200 millones de dólares, superando ya sus 150 de presupuesto. Recientemente, Halle Berry ha declarado que estaría deseosa de hacer lo propio con
Tormenta.

La
20th Century Fox no ha querido arriesgarse a desperdiciar la posibilidad de otra rentable saga de superhéroes y con Lobezno ha ido a lo más comercial.
Hugh Jackman interpreta a Logan, un joven muy especial que, junto a su hermano (un demasiado sobreactuado
Liev Schreiber), hacen uso de su "don especial" para combatir en todas las guerras que la historia vive mientras ellos no envejecen. Pero entre ellos hay una gran diferencia y, tras varios sucesos que omito por aquello de no revelar demasiados detalles, los hermanos acaban enfrentados y Logan con sed de venganza.
El
guión se ha tomado muchas licencias a la hora de adaptar ciertos sucesos en la vida de
Lobezno y en las características especiales de quienes lo rodean, pero yo siempre seré defensora de que una adaptación es lo que es, y el lenguaje cinematográfico requiere ciertos cambios que generalmente ponen a los fans de la obra original de uñas, cual
Dientes de Sable.
Sin embargo, el guión, a cargo de
David Benioff (
Troya) y
Skip Woods (autor de las sorprendentemente recomendables
Hitman y
Operación Swordfish), cede ante cualquier intento de hacer una película de superhéroes diferente y de calidad (
véase Iron Man) y se limita a los predecibles y comerciales clichés del género que dan como resultado una película simplemente entretenida. A ratos.
El
nacimiento de Lobezno como tal está desaprovechado, se saltan cualquier intento de mostrar el descubrimiento de su poder y la aceptación del mismo (algo que siempre resulta interesante) para llegar cuanto antes a la acción trepidante. Los
enfrentamientos entre los hermanos no sólo son repetitivos sino que a medida que se suceden no aportan nada nuevo ni a la trama y a su relación. Siempre acaban de la misma forma y nunca llegan a nada.

Los personajes
secundarios, mutantes como Masacre (
Ryan Reynolds) o Gámbito (
Tylor Kitsch), estan enormemente desaprovechados. Si, el film está centrado en Lobezno pero cabalgan por toda cantidad de mutantes sin ni siquiera pararse a explicar en qué consisten sus poderes, introducen a los dos granjeros entrañables que prestan su ayuda (y la ropa de su hijo) a Lobezno para acabar con ellos sin realmente contar quienes son y cual es su importancia.
Realmente el espectador percibe el potencial de la historia, las posibilidades que podrían haber derivado del enfrentamiento de los hermanos y de la participación de todos esos elementos secundarios y por ello la decepción final se acusa más.
Lo mejor: Su ajustado metraje. Ya temía otra entrega de dos horas y media. Va a lo que va: soy una película palomitas y quiero que te entretengas para que la recomiendes y llevarme la pasta. La colección de torsos machos (para qué negarlo).
Lo peor: Sus posibilidades desaprovechadas. Un Schreiber insoportablemente odioso.

En definitiva, una decepcionante pero entretenida película que hay que ver con el chip palomitero y dejar a un lado las espectativas del universo X-Men.