Es un hecho: Harry Potter y la Cámara Secreta es la película menos interesante de la saga. Después de convencer más o menos a todo el mundo con la adaptación de la primera entrega, Chris Columbus se enfrentaba al reto de poner en imágenes la que es claramente la novela menos interesante de la saga: una vez ya hemos perdido el factor "introducción" de La Piedra Filosofal, el marcado tono infantil, ligero y mayoritariamente autoconclusivo no hace ningún favor a un Columbus que tampoco destaca en su puesta en escena. Menos mal que tiene a John Williams para darle un punto de épica extra al conjunto, como queda claro cada vez que escuchamos el mítico theme de la película.
En La Cámara Secreta conocemos a a Dobby y Draco Malfoy, viajamos al pasado de la mano de un joven Lord Voldemort y oímos hablar de Azkaban, pero nada de ellos es suficientemente determinante para el futuro de la saga o interesante por sí mismo para hacer de esta segunda entrega un gran momento de la saga. Tampoco ayuda la pronta desaparición de Hermione en la trama ni la abusiva duración de 160 minutos, como si de una película de Scorsese se tratase.
La Cámara Secreta sufre el efecto transición que pasa a menudo en las sagas de aventuras: no tiene la ventaja de introducirnos en el universo de la serie ni tiene un desenlace poderoso: es un entretenido y efectivo, pero poco brillante paso al tono más oscuro, interesante y dramático que supondría El prisionero de Azkabán.
Inconvenientes (más que defectos, si somos justos) al margen, La cámara secreta es una película entretenida y una adaptación fiel al material de Rowling, qunque yo la veo más como un puente que hay cruzar cuanto antes para llegar a lo verdaderamente potente de la saga.

01 julio 2011
Daniel Martínez Mantilla






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