11 julio 2011

Crítica Harry Potter y las Reliquias de la Muerte parte II

El fin ha llegado, It all ends, Todo acaba,.... Los eslóganes de la Las Reliquias de la Muerte parte II pueden variar, pero el concepto está muy claro: el 15 de julio se terminarán de una vez por todas las aventuras de Harry Potter, el joven mago que consiguió que millones de niños recuperasen el apetito por la lectura. Y lo hace a lo grande, con una película que está enamorando a los pocos que hemos tenido la oportunidad y placer de poder verla: hasta el diario británico The Guardian, que siempre había sido muy duro con las adaptaciones de las novelas de JK Rowling, se ha rendido a los pies de una película que está a la altura de las grandes expectativas que había sobre ella.

La saga, que ha pasado por las manos de directores tan diferentes como Alfonso Cuarón, Chris Columbus, Mike Newell o el novato David Yates, ya había llegado a cotas muy puntuales de excelencia con El prisionero de Azkabán (la mejor película de la saga hasta el estreno de este desenlace), pero Las Reliquias de la Muerte consigue lo más difícil: encuentra un equilibrio perfecto entre las espectaculares secuencias de acción y los momentos emocionales de la película.

Conscientes de que no habrá más películas con estos personajes (si la Rowling vuelve a este universo es algo que está por ver), el guionista Steve Kloves no se olvida de Neville Longbottom, la profesora McGoenagall o la matriarca del clan de los Weasly, personajes muy secundarios en la saga que tienen varios momentazos que consiguen llevar al éxtasis a un público tan entregado como emocionado. El nivel de aplausos en la sala me recordaba inevitablemente a El retorno del Rey y La Venganza de los Sith, casualmente (o no) desenlaces de otras sagas que marcaron una época en el cine mainstream.

Entre las muchas cosas que hay que aplaudir de la cinta nos encontramos con su ajustada duración: poco más de 120 minutos - la película más corta de todas - son más que suficientes para contar el final del mítico duelo entre Harry Potter y Voldemort, un enfrentamiento que ha dejado en el camino numerosas víctimas (varias de ellas tienen una breve, emotiva y - por qué no decirlo - un tanto confusa aparición que llevará a las lágrimas a más de un fan) y que ha visto como ha sido ligeramente modificado en su salto al cine, en uno de los pocos cambios en relación al material original.

Tras recibir numerosas críticas por tener en su filmografía alguna de las peores películas de la serie (como El misterio del Príncipe), Yates se saca la espina y crea una serie de escenas antológicas que dejan a la audiencia boquiabierta y emocionada, empezando ya por ese robo en Gringotts que pone rápidamente sobre la mesa las cartas con las que jugará la película. Es difícil quedarse con una sola escena de la película: Las Reliquias de la Muerte está llena de grandes momentos, como ese esperadísimo beso entre dos de los protagonistas que le roba todo el protagonismo a la pareja formada por Harry y Ginny, una trama que jamás funcionó y que carecía por completo de química (más por culpa de ella: Radcliffe aguanta perfectamente el peso de una entrega que recae sobre sus hombros más que nunca).

Instrucciones de uso: Tradicionalmente las adaptaciones de las novelas de Rowling se han quedado uno o dos peldaños por debajo del material original, pero Yates y compañía se ponen las pilas en el desenlace de una saga de aventuras que ha marcado una generación. Épica y emoción se dan la mano en la película más imprescindible del verano.
Como detalle más anecdótico pero determinante a la hora de decidir cómo ver la película nos encontramos con un 3D que merece cada uno de los tres euros extras que hay que pagar para ver la película en este formato. La película no se rodó así, pero la conversión se ha hecho con mimo y cuidado: la Warner no iba a permitir que su niña bonita quedase mal ante sus millones de fans. Y como muestra, la negativa de los productores a estrenar el capítulo anterior en el formato tridimensional: si van a hacer la conversión, la hacen bien. Y eso es lo que vemos. En contra un pequeño pero: la fotografía, uno de los apartados tradicionalmente más acertados de la película, brilla menos que en otras ocasiones.

Reconociendo que en esta crónica se me ha ido de las manos un poco la vena fanática, lo que es innegable es que Las Reliquias de la Muerte segunda parte hará disfrutar enormemente tanto a espectadores más metidos en el mundo potteriano como a los que se han acercado a él ocasionalmente. Un regalo para la vista y los oídos (cortesía de un Alexandre Desplat en estado de gracia) que nos deja una sensación agridulce con sus títulos de crédito final: nos da pena llegar al final, pero todo es más fácil con un producto redondo y, nunca mejor dicho, mágico como este.

4 comentaron:

Anónimo dijo...

y que ha visto como ha sido ligeramente modificado en su salto al cine, en uno de los pocos cambios en relación al material original.

¿Qué han cambiado con respecto al libro?

Daniel Martínez dijo...

SPOILERS


Cambia la muerte de Voldemort. Aquí simplemente muere después de que Neville Longbottom se carge el último Horocrux. No hay Avada Kedabra final de por medio.

Anónimo dijo...

crei que eras un critico de a deveras por un par de criticas en las que estaba de acuerdo contigo, pero despues de ver que eres otro "fanboy" de harry potter me di cuenta que no... estas peliculas, la vdd la vdd estuvieron feas

Anónimo dijo...

Tío, te quiero xD

 
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